Tengo discos duros con fotografías desde 2013. Durante años los ignoré sistemáticamente: para mí, el presente siempre fue más urgente que el pasado. El último proyecto, la siguiente campaña. El archivo era un almacén, no un recurso.
Hace dos años, durante un período sin encargos, abrí por primera vez una carpeta de 2015 sin ningún propósito concreto. Fue desconcertante: encontré fotografías que en su momento descarté y que ahora me parecían mucho mejores que muchas que sí publiqué.
El ojo cambia
La primera conclusión es obvia pero importante: el ojo cambia. Lo que editas hoy está filtrado por todo lo que has visto y hecho desde entonces. El ojo de 2025 no es el ojo de 2015, y eso no es sólo madurez: es también pérdida. A veces la ingenuidad técnica de un trabajo anterior tiene una frescura que el dominio posterior elimina.
Los archivos no son el pasado. Son conversaciones diferidas con versiones anteriores de ti misma.
Cómo uso el archivo ahora
- Si elijo las mismas imágenes: tengo consistencia, pero quizás también estancamiento.
- Si elijo imágenes diferentes: algo en mi criterio ha evolucionado. Merece la pena entender qué.
- Si encuentro imágenes que nunca habría descartado hoy: hay algo en ese trabajo que el yo de entonces no supo ver.
El archivo no es nostalgia. Es diagnóstico. Y de vez en cuando, es también la mejor respuesta a la pregunta de hacia dónde voy.